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Deportes

Estaciones muertas

Nadie pregunta por aquello que prefiere ignorar.  Carlos Ruiz Zafón.

 

Hemos hecho del olvido un signo identitario. Incluso lo hemos sacado partido. Como postales teñidas por el tiempo, como destinos recónditos a los que es toda una aventura llegar. Aventuras en las que reina el desasosiego y la incertidumbre. Donde la única certeza es que algo saldrá mal. Todo un descubrimiento a pequeña escala, entre raíles carcomidos por el paso del tiempo y locomotoras obsoletas. Porque en nuestra tierra los únicos Aves que se ven son las que llenan nuestros cielos y nuestros campanarios, las mismas que cada vez detienen más tiempo su vuelo migratorio en nuestros campos. Y quizá sea ese el denominador común con los trenes que surcan Extremadura, que están más tiempo parados que en movimiento.

 

 

El hecho de que la reivindicación sea histórica, juega a favor del olvido. Como una perorata repetida desde un lado y desde otro a lo largo de la última década nos fueron borrando del mapa, mientras otros, más acostumbrados a la queja constante o mejor aposentados en la escalera del poder, encontraban su ruta hacia el dorado a 300 kilómetros por hora. A Extremadura no le salvó ni ser estación de paso hacia Lisboa para que la alta velocidad nos alumbrara. Sumergidos en ese túnel la alta velocidad ha ido perdiendo vagones para quedarse solo en velocidad y finalmente descarrilar un día si y otro también entre promesas rotas.

 

Porque el olvido ha ido dejando pinceladas en nuestra tierra que dibujan un bodegón de estructuras muertas, de vías a ninguna parte. Por eso Extremadura es la única Comunidad Autónoma donde no encontramos ferrocarriles de larga distancia. Talgos o Alvias (trenes que pueden circular hasta 250 km/h) son rara avis. Tampoco existe la doble vía, por lo que en algún momento del trayecto el tren que va se cruza con el que viene. Las vías electrificadas son, al igual que en Murcia, un artículo de lujo aquí. Esto son solo algunos retazos de ese viaje hacia el abandono donde las estaciones de paso tienen nombre y apellido. Y abarcan diferentes épocas. El primer aislamiento sucedió en la nochevieja del 84. Ese día se puso fin a la línea Cáceres-Salamanca-Astorga y se desconectó a Extremadura del norte de España. El segundo abandono ocurrió en 2012 cuando el tren conocido como Lusitania, que unía Madrid-Badajoz-Lisboa, cambió su ruta para hacerlo ahora por la vecina Salamanca. La puntilla llegó sin saberlo hace 17 años cuando España y Portugal firmaron el acuerdo del Ave Madrid-Lisboa. Todavía hoy ese tren fantasma no surca los campos extremeños.

 

Con esta guía de viaje y ayudados, en esta ocasión, por el olvido, uno mira con desdén aquellas promesas que nos llenaron los ojos de velocidad. Y mira a su tierra y ve que sigue encabezando los rankings de salarios más bajos de nuestro país; y piensa que así es más difícil aún poderse costear un billete de Ave, que no son precisamente baratos; y recuerda cómo florecían centenares de kilómetros de vías de alta velocidad por todo el territorio nacional y en Extremadura agonizaba la red ferroviaria convencional que facilitaba el tránsito de personas y mercancías entre los pueblos y ciudades de nuestro entorno.

 

Y entonces te preguntas si el viaje que debes emprender no es otro, con un tren que conecte al futuro pero que sea real y asumible. Un tren adecuado a las necesidades y demandas de los extremeños, que reverdezca el intercambio cultural y comercial con la vecina Portugal y que ofrezca nuevas y mejores oportunidades al turismo o la industria de nuestra tierra. Un tren en el que primen las altas prestaciones para los extremeños y no la alta velocidad. Porque Extremadura no quiere seguir viviendo en Los Santos Inocentes, anclados en el pasado, en tierra de nadie, olvidados por todos.

 

 

Y es que la genial película de Camus sigue teniendo vigencia más de 30 años después. Lo ha tenido a través de la reivindicación cargada de sorna y sentido del humor con la que la Plataforma ‘Milana Bonita se plantó en Atocha para ‘alucinar’ con los Aves. Allí les mirábamos atónitos los extremeños que nos tuvimos que ir, y los hijos y nietos de los que lo hicieron antes. Porque Extremadura es una tierra que no ha sabido gritar cuando le dolía algo, y ahora los trenes y las milanas son tan solo el reflejo de siglos condenados a la ignorancia, el atraso y el olvido. Para combatirlos nuestra tierra nos grita que nos echa de menos y que los billetes deben ser de ida y vuelta.

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El miedo de un RE*

Para empezar

diré que es el final

No es un final feliz

Tan sólo es un final

Pero parece ser que ya no hay vuelta atrás…

 

Algo así debió entonar Tarquinio El Soberbio allá por el 509 a. C. cuando su tiránico gobierno acabó con la Monarquía Romana. El séptimo rey de una dinastía iniciada, según la leyenda, por Rómulo. Sí, ese niño amamantado por la loba que en las faldas del Monte Palatino colocaría la primera piedra de la Ciudad Eterna. Un miedo aterrador invadió a Tarquinio cuando el Senado ordenó su exilio y nunca más pudo pasear a orillas del río Tíber. De repente se había acabado su reinado y no sabía hacer otra cosa que reinar. Roma abrazaría entonces la República y pasarían más de 25 siglos hasta que naciera el siguiente monarca.

 

pancarta Totti

 

Miedo

De quererte sin quererlo

De encontrarte de repente

De no verte nunca más…

 

Ese Rey sería romano y romanista. “Un privilegio”, según sus propias palabras. También sería un tipo burlón y sin estudios, con un corazón que latía por su ciudad y los colores de su monarquía Giallorossi. Un tipo leal impregnado del talento que solo atesoran los elegidos. Su gobierno comenzó hace 25 años y concluyó ayer, entre lágrimas en el Palacio de sus sueños, el Olímpico de Roma. El octavo Rey abdicaba. Francesco Totti se retiraba del fútbol. 40 años en sus botas.

 

Y sin embargo, como rezan esos versos, fue y será imposible no quererlo porque él cumplió el sueño de tantos: de la curva sud al centro del campo; del hincha apasionado que alentaba a sus ídolos desde la grada a convertirse en el icono más grande que ha tenido la entidad romana. Será difícil, en cualquier caso, no encontrarte de repente con Totti en Roma, en una camiseta granate, en una tienda de recuerdos, en ese mural que inmortalizó la celebración de Il Capitano. Aunque sin duda, lo más difícil será no verlo nunca más en un terreno de juego, en su jardín de infancia.

 

corner totti

 

Miedo

Ya sé que es el final

No habrá segunda parte.

Y no sé cómo hacer para borrarte

 

Y es que hasta para un Rey hay batallas insalvables. Al tiempo le regateó burlón, le engañó con palabras en romanesco y con goles decisivos hasta sus últimos días. Alargó su sueño hasta más allá del minuto 90 pero el tiempo, inexorable, no entiende de sangre azul. Él que lo detuvo con una cucchiaio, con una ovación en el Bernabéu o en uno de esos pases inverosímiles para acabar con los rivales terminó claudicando en el circo romano. Antes, ganó la batalla más grande del fútbol moderno. Estar 25 años con la misma camiseta. Tal y como proclamaba una de las pancartas más recordadas de su despedida. Para entonces 75.000 espectadores lloraban desconsolados. No había pulgares abajo. No había más emperador que él. No habrá otra abdicación más sentida.

 

brazalete

 

Es ahí cuando Totti se desnuda y destapa sus temores. Porque apagar la luz nunca fue sencillo. Así se sinceró con su pueblo: “Tengo miedo. No es el mismo miedo que se siente delante de la portería cuando tienes que marcar un gol, esta vez no puedo mirar a través de los agujeros de la red qué habrá después. Ahora soy yo quien necesita vuestro calor”. Totti teme al mañana, al ya hoy, al primer día sin fútbol en sus pies, al fin de semana sin sentido. Por eso Francesco, que no sabía hacer otra cosa que reinar tuvo en ese momento un último destello de clase: nombrar heredero. El futuro empezó también a escribirse ayer cuando Il Capitano entregó su brazalete al capitán del equipo benjamín, el más joven de cuantos pueblan la cantera romanista. Aquello no le liberó de sus miedos pero fue el epílogo más hermoso que se recuerda en una abdicación.

 

*Re: Rey en italiano

 

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Hasta siempre Calderón

La vida es una sucesión de mudanzas, y éstas, una modalidad de terremoto. No habrá más terremotos a orillas del Manzanares. Ni atascos en la M-30 a las 20:45. Tampoco riadas de gente que entre Pirámides y Melancólicos alimenten una ilusión. Porque ese estadio latía partido a partido, temporada a temporada y año tras año. Da igual si en Primera o en Segunda. En Champions o en Uefa. Con el Atleti o con los Rolling. Pero los sentimientos no caben en cajas de cartón y por eso algo de ese hogar viajará siempre en el corazón de todos los que alguna vez nos sentimos allí como en casa.

 

pancarta

 

Aquel pisito con vistas al Puente de San Isidro se ha quedado pequeño, o eso dicen. Sus inquilinos tienen ahora otras necesidades y anhelan comodidades que ya no encuentran al sur de la ciudad. Han paladeado las mieles de la burguesía futbolística y ellos también quieren piscina y pista de padel al lado de casa. Aunque los accesos sean remotos y el peaje económico elevado. Eso les inquieta ahora a la espera de que la pelota, entre cánticos y bufandas al aire, les vuelva a susurrar aquella frase que acuñó Don Fabrizio Corbera en el Gatopardo: “Que todo cambie para que todo siga igual.

 

Yo que no soy del Atleti he vivido en ese estadio algunos de los mejores recuerdos (futbolísticos o no) de mi vida. El primero de todos ir al estadio de la mano de tu padre. Con él, que tampoco es colchonero viví una tarde mágica, goleada incluida que me confirmó que aquella gente estaba hecha de otra pasta. En las malas siempre mostraron orgullosos sus colores. Cosas de familia. La siguiente vez el Cicerone fui yo. En un intento por inyectar el veneno del fútbol a mi primo pequeño le llevé a la Ribera del Manzanares. Cierto que ese día jugaba España y el ambiente siendo bueno era distinto. Se repitió la goleada y encauzamos el pase hacia el Mundial (de Alemania, concretamente), pero se notaba que el piso era de alquiler aquella noche. A mi primo, por cierto, no le convencí.

 

Tardé en volver, tanto que para la siguiente era un periodista en ciernes. Todavía en calidad de becario acudí con la misión de cubrir un partido para la televisión en la que trabajaba. Ese día me metí hasta la cocina, conocí las entrañas del coliseo rojiblanco y entendí que también ahí nadie te regalaba un centímetro. Volví, claro que volví. Una presentación por aquí, un fichaje por allá hasta escalar al último peldaño del estadio donde se encuentran las cabinas de radio, justo debajo del techo que cubre la M-30. Pocas fotografías permanecerán más nítidas en mi memoria. Ahí con el estadio a mis pies entendí aquello que canta Leiva “que todo el Calderón me lo chille”. Era el día del niño y yo me sentía uno más.

 

Y es que el Calderón siempre tuvo música. En los partidos y en los conciertos. De ello dan fe los que estuvieron aquella noche del 82 con los Rolling o los que menearon sus caderas al ritmo de la sensualidad de Madonna a principios de los noventa. La aristocracia musical conoció la particular resonancia del templo rojiblanco, desde el Rey del Pop, Michael Jackson al Duque Blanco, David Bowie. A mi me tocó desgañitarme con Coldplay, emocionarme con el himno más famoso de Handel o saltar como un loco con el último concierto en España de Black Eyed Peas. Antes de eso David Guetta ya me había levantado de mi asiento. Después me invitaron a uno de esos conciertos multitudinarios de las radios comerciales, cuyo único aliciente fue poder pisar el césped del Calderón.

 

Ese collage de recuerdos llevaba en realidad la banda sonora de Sabina y aquel verso genial que es hoy pancarta: “Paseo de los Melancólicos, Manzanares, ¡Cuánto te quiero”. Una declaración de intenciones para esa discografía en blanco que encontrarán en ese ático en las afueras con el que desean ampliar la familia. Sé que muchos pensáis que no lo podemos entender, que solo quien comparte vuestra pasión puede descifrar vuestra locura. Pero los sentimientos son universales, no pertenecen a unos colores, ni a una idea, ni a un escudo. Y se puede haber llorado (o reído) dentro del Calderón sin llevar la rojiblanca. He ahí la paradoja, porque ahí reside parte del encanto (del Calderón) y de la responsabilidad (del Metropolitano): mudar también el espíritu del estadio, llevarse el calor del hogar a la nueva casa. Algo que será más sencillo cuando acudáis al Metropolitano por la Avenida Luis Aragonés y al mirar al banquillo veáis a Simeone. Cuestión de sentimientos.

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MUROS

“El orgullo construye muros. La humildad, puentes” Papa Francisco

 

Para la generación que crecimos viendo caer el de Berlín, abriendo puertas fronterizas y descubriendo el mundo desde una pantalla de ordenador se nos ha hecho de noche demasiado rápido. Esa misma generación creció fantaseando con viajes en el tiempo, con películas que imaginaban regresos al futuro, y con que en 2015 nos moviéramos con patines voladores. La ilusión ha durado poco. Y la oscuridad empieza a apoderarse de todo mientras tapiamos esas ventanas, cerramos las fronteras y nos reservamos el derecho de admisión. En estas primaveras, Neruda, lo que florecen son los muros.

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Así ocurre en el país de las libertades, en la tierra de las oportunidades, donde el sueño americano suena hoy a eslogan rancio de publicidad. Y es que en los Estados Unidos creen que para volver a ser grandes nada mejor que blindar la frontera sur del país. O mejor dicho, seguir blindando. Porque de los 3000 km que marcan el territorio con México, en más de mil ya encontramos vallas que delimitan y cortan el paso a cualquiera que intente cruzar la línea. Así ocurre desde 1994. La irrupción de Trump en la Casa Blanca “solo” ha redoblado la apuesta.

 

Y es que en la ruleta del juego político apostar por la teoría del miedo y por aranceles ante lo desconocido, lo nuevo o lo diferente sigue reportando ganancias. Poco importa que esas vallas, fracasos de nuestra responsabilidad como seres humanos, se hayan mostrado también imperfectas. Porque no descenderán los intentos (quizá sí los casos de éxitos) de saltar a EE.UU., porque no se reducirá el ida y vuelta de los narcotraficantes, con demasiados atajos creados ya para que su mercancía llegue a buen puerto.

 

No tan lejos como el océano que nos separa de Mexico tenemos buenas referencias. En Melilla también hay una valla, que no deja de ser un muro translúcido, para recordar a África que hay que escalar más alto si lo que se quiere es alcanzar este supuesto paraíso. Casi todos los días tenemos buenos ejemplos de cómo esa valla no soluciona nada. Atempera. Mitiga. Aplaca. Pero no resuelve el problema, no se cura la brecha, no se dibuja un futuro donde la única solución no sea jugarte la vida en el intento.

 

Porque la yincana continúa en forma de río o de estrecho. Hay que mojarse para alcanzar el Edén. Ocurre en EE.UU donde el Río Bravo o Río Grande forma parte de la frontera natural en el noreste de México. Ocurre en la puerta de Europa que es el Estrecho de Gibraltar. Y la naturaleza también emite facturas. Esa arquitectura de prevención está dañando el ecosistema que sobrevive alrededor del río en los estados Chihuaha o Coahuila (México). La interrupción de los cauces naturales ya han provocado inundaciones mientras que la vida de decenas de especies corren peligro. Porca miseria para un tipo como Trump.

 

Más preocupación le puede causar el golpe económico que desencadenará el muro. El tránsito tanto de personas como de vehículos que de manera legal cruzan la frontera es continuo. Según cifras norteamericanas 300.000 vehículos, entre ellos 15.000 de transporte de mercancías, y hasta un millón de personas hacen el viaje de ida y vuelta entre EE.UU. y México, un intercambio comercial que deja en la frontera 1.000 millones de dólares al día. Un flujo de dinero que ya sufre retrasos y pérdidas después de que los plazos de tiempo aumente ante las exigencias para pasar de un lado al otro.

 

Y es que por florecer han florecido hasta muros de ruptura y salida, muros metafóricos levantados por la flama y el carácter isleño de unos británicos que se han ido empequeñeciendo desde que empezaron a perder su imperio. Aquella ambición global ha derivado en una cerrazón y defensa hasta el extremo del localismo británico que puede suponer el golpe de gracia definitivo a la Unión

Europea, vía Brexit. Ellos que han surcado tantos mares prefieren ahora poner diques de tinte racista en el Canal de La Mancha, sin darse cuenta que el mayor muro a derribar sigue estando en la cabeza de algunos.

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Aquella camiseta verde amarelha

Los recuerdos vienen teñidos de ese color que tan bien representaban su carácter. Alegre y jovial, aventurera y generosa, como la nación que abrazó cuando hace más de 60 años cruzó el charco para dar a los suyos el ordem e progresso que aquí escaseaban. Ni siquiera un océano le hizo olvidarse de sus raíces y del amor que sentía por España, pasión que transmitió a sus hijos y nietos para que los lazos no se desanudaran.

tia concha

Fue en una de esas múltiples visitas, en un verano a principios de los 90, cuando uno de sus regalos me llenó de ilusión y ganas. Junto al chocolate brasileño o un café de categoría superior apareció una camiseta amarilla reluciente con tres estrellas en el pecho. En la espalda lucía un 10 estampado en verde que remitía de inmediato a las leyendas del balompié carioca. El flechazo fue inmediato. A ello ayudaría poco después Romario, y Bebeto, y Mazinho entre otros cosiendo la cuarta estrella en esa camiseta con la que yo jugaba feliz en las calles de mi pueblo.

 

Allí se repetían las visitas. Cada verano huía del invierno brasileño para reencontrarse con su familia a este lado del océano Atlántico. Así entre camisetas del Sao Paulo y balones de fútbol conocí a mi Tio Bruno, al que también supo enseñarle los encantos de su tierra, a Bianca, a Daniela, o a Emerson, nietos que de su mano viajaron por primera vez a Europa. A Emerson esto le gustó tanto que quiso probar suerte aquí con su mujer Marcia y su pequeño Luan. Y así vimos crecer a la familia para orgullo de ella, que ya podía presumir de bisnieta española, Arancha. Mari Carmen, Antonio o Angelo, todos hijos suyos también hicieron el viaje de vuelta para acompañar a su madre en aquellas vacaciones tan especiales.

 

Ahora que es ella, mi Tia Concha, la Tía Concha como la conocía toda la familia, la que se ha tomado unas más que merecidas vacaciones eternas, debemos ser otros los que devolvamos la visita y honremos su memoria para conocer su legado al otro lado del charco. Ese que ella cruzó tantas veces acompañada de su sonrisa para estrechar lazos y teñir nuestros veranos de alegría verde amarelha.

brasil94

 

Esta vez, los presentes correrán de nuestra cuenta, Tía. DEP.

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Bajarse al barro

Pasen que no se mancharán. Se lo aseguro. Es cierto que no es igual que entrar en el Bernabéu o en el Calderón, subir a las últimas plantas del Camp Nou o acomodarse en el nuevo San Mamés, pero el aroma es aún más auténtico, más puro, igual de ilusionante. Las emociones se desbordan al mirar sus caras, al palpar los nervios previos y escuchar los cuentos de la lechera que se transmiten de padres a hijos. La música se entona con tambores de guerra, pero como aquello es una fiesta, al final triunfa la charanga, un cuarteto capitaneado por una trompeta, un saxofón, un bombo y una caja capaz de poner de acuerdo a los rivales más encarnizados.

tarde de radio

 

Y es que una fiesta no se la quiere perder nadie, así que todos acuden al campo ataviados con sus mejores galas. ¡Ha venido la tele!, vociferan los lugareños; por lo que da igual que haga calor y el mercurio supere los treinta grados. La bufanda es siempre indispensable, como las pipas y los colores locales, así no te sientes como un extraño aunque sea la primera vez que pises el campo. Con el viento a favor llegan los héroes, esos a los que la semana se les ha hecho eterna, los que llevan un año navegando a contracorriente, los que soñaron con focos y portadas de periódico y ven tan cerca salir de un pozo que no solo les asfixia a ellos, también a sus familias.

 

Bajo esa atmósfera de tormenta veraniega echa a rodar el balón y el tiempo, inexorable, se disfraza de aliado o de verdugo según para la portería que chutes. La euforia se desata en cada carrera de los tuyos, en cada pugna que ganas, en cada córner. El éxtasis se alcanza cuando el balón besa la red. El flechazo está un poquito más cerca, pero recuerden que estamos en arenas movedizas y no todo va a ser tan fácil. El drama, en un deporte tan universal como este, se esconde tras cualquier esquina, después de un mal control o en ese balón por el que no peleas con la intensidad de siempre. A esa sucesión de infortunios les siguen siempre las mismas instantáneas: rostros desencajados, manos en la cabeza, improperios sin orden ni concierto.

 

Todo eso, que bien puede ser una vida en noventa minutos, se ve con una claridad definitiva a pie de campo, oliendo a césped recién regado y a un palmo de los banquillos, que son dos cajas de resonancia en ebullición. Allí ves correr por la banda a esos dos impostores que son el éxito y el fracaso, capaces de llenar ambos contendientes de lágrimas con sabores tan diferentes. Al final el sueño que fuimos a contar se quedó colgado de las casas más famosas de toda España, pero en Cuenca pude bajar al barro y volver a enamorarme del fútbol y del periodismo. Y ese es un privilegio que ni el Calderón, el Bernabéu o el Camp Nou te permiten. Ellos lo seguirán intentando. Nosotros también.

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Un manchego universal

Todos los que alguna vez temimos por la alopecia precoz nos fijamos pronto en él. Más allá incluso de esa blancura nuclear o del talento que destilaban sus piernas, esas con las que regalaba caramelos a sus compañeros, como un día aseguró su entrenador. Pero el imán estaba en la cabeza, en un cerebro brillante y en una cabellera que pronto empezó a perder unidades, casi al mismo ritmo que escalaba en la pirámide del éxito.

Andrés Iniesta Luján

 

Fue en esa pérdida y en aquella escalada donde el flechazo se hizo ya inevitable. Porque la raíz se entroncaba entre orígenes humildes y sencillos, aunque la tierra fuera manchega y no extremeña. Y su sueño le sorprendió jugando a la pelota a una edad temprana incluso para los genios. De ahí las lágrimas y el esfuerzo (de toda la familia), de ahí las llamadas telefónicas y las noches en vela. Lugares comunes para todos los que un día tuvimos que salir de casa persiguiendo nuevos horizontes.

 

Él los fue alcanzando todos con una naturalidad que asustaba. En un mundo donde los focos engrandecen egos y el marketing convierte mulos en purasangre, consiguió poner de acuerdo a todos simplemente siendo él. Tanto fuera como dentro del campo. Quizá porque solo gritaba en redondo, con el balón en los pies, para revolucionar a las masas. Cuando el eco de sus hazañas se apagaba le valía con el sentido común. Fue así como uno a uno derrotó a cuantos molinos de viento se pusieron en su camino.

 

Para ello resultó fundamental la cabeza. Así reafirmo sus convicciones en los días de tormenta y lesiones, así dudó del elogio en las tardes de bonanza y titulares grandilocuentes. Así se forjó el mejor jugador europeo del momento. Un tipo venido de la España profunda (que es como los urbanitas llaman a todo aquello que excede de la M-40) y que hoy representa a una nación como no son capaces de hacer ninguna de sus autoridades. Ese tipo es Andrés Iniesta Luján, manchego de Fuentealbilla, español que habla catalán sin rubor porque es agradecido con una tierra que se lo ha dado (casi) todo, para asombro de unos y decepción de otros en esta España cainita. Un país que solo aplaude al que entona tu misma música y que ha tenido que claudicar ante su talento mediante el aplauso colectivo.

 

Si desean sumarse a esa ovación estén atentos a la Eurocopa.

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La M con la A

Es lo primero que se aprende. Porque su rostro es quizá nuestro primer recuerdo, el tacto de su piel el cordón umbilical hacia el nuevo mundo y su olor la primera fragancia que nos abraza. Luego llegan las carantoñas y los pasos atropellados, las tardes en el parque y los deberes de matemáticas, los bocatas del día de partido y las reprimendas, siempre tan necesarias. A todas horas y a cualquier edad. Nada de eso se olvida y todo se aprende entonces, al calor de su regazo.

Cuadro de Joaquín Sorolla

Madre e hijo en la playa

 

Hay tantas como personas, y todas, únicas. Comparten eso sí, un ADN común, un libro de estilo que denominan ‘instinto’, y que les hace prepararse desde muy pronto para regalar luz y esperanza a este planeta. Ese manual suele estar cargado de matices y tonalidades, formas de ser y proceder, valores, virtudes y defectos con los que moldear el cuadro de sus vidas. Una imagen hiperrealista que sueñan en colores vivos y que siempre lleva por título Familia.

 

Para capitanear ese barco no existe carnet alguno. Pero pocas dudan a la hora de tomar el timón. Agarrado con mayor fuerza si cabe cuando arrecia la tormenta, cuando los problemas adquieren forma de iceberg, cuando el rumbo se pierde en un mar de dudas. Es ahí cuando se multiplican y se desdoblan en varios registros, de psicóloga a enfermera, de profesora a amiga, de esposa a madre. Algo así como ver al capitán del Titanic tocar con los músicos para dar naturalidad a cualquier naufragio. Eso también son lecciones de vida.

 

Quizá por ello les cueste tanto dejarnos volar, a unas más que a otras, todo sea dicho. Pero es que llevan toda su vida guiando destinos y no hay libros que preparen para esa jubilación de responsabilidades, que muchas ven prematuras. Es ahí en plena madurez cuando esta sociedad instalada en el vértigo de la prisa les concede una segunda oportunidad, una vuelta a los orígenes, un volver a empezar. La sonrisa cómplice de cualquier nieto sabe bien de lo que hablo. Si quieren más pistas pidan migas, porque nadie las hará como ellas.

 

Pídanlas antes de que se vayan. Porque en esta vida tan perra, en este valle de lágrimas en ocasiones nos faltan demasiado pronto. A veces se marchan, antes de tiempo, pero dejándolo todo en orden como a ellas les gustaba. Lástima que el orden no reemplace su ausencia y ese hueco en la mesa, en su sillón preferido o en su lado de la cama se convierta en una punzada eterna que agujerea el alma. Con el tiempo será estímulo, será motivación, será deseo por y para ella. De repente hay un motivo, otro motivo: Levantarse; Caminar; Continuar; y que ella se sienta orgullosa.

 

Como nos sentimos nosotros cuando admiramos su generosidad, su paciencia o su ímpetu, su saber estar o su mano izquierda para mediar e intermediar en las situaciones más peliagudas. Como nos sentimos nosotros al descolgar un teléfono en la otra punta del mundo para recordarla que estamos bien. Como nos sentimos nosotros al recordar nuestros primeros balbuceos, lo que primero se aprende. Ese primer fonema indescifrable, ese primer sonido intuitivo, que sale del alma al abrir los ojos al mundo es la M con la A, el cual, repetido adecuadamente da forma a su indestructible figura: MAMÁ.

 

Felicidades a todas.

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Las Navidades rotas de Osamah

Integrado en España, perfecciona su español para cumplir su otro sueño: volver a entrenar a un equipo de fútbol

 Osamah en Getafe

Ossamah en la oficina central de Cenafe. Foto: Emmanuel Ramiro

 

 

Una zancadilla le cambió la vida. Una falta flagrante que él como entrenador de fútbol de primera división hubiera reclamado desde la banda. Pero en esta ocasión la agresión la sufrió en primera persona y la imagen dio la vuelta al mundo. Una periodista húngara le trabó mientras huía en busca de la tierra prometida en que se ha convertido Europa. Osamah Abdul Mohsen no se amedrentó, se levantó y con sus dos hijos consiguió llegar a España. Tres meses después no podrá reunir a toda su familia en Getafe. Serán unas Navidades incompletas.

 

 

“Todavía estoy en deuda con Osamah”, confiesa Miguel Angel Galán, “le prometí que traería a toda su familia y todavía no lo he conseguido”. El que habla es el presidente de la Escuela de Entrenadores Nacionales CENAFE. Osamah es uno de los suyos y desde que conoció su historia, Miguel Ángel se ha desvivido por ayudarle: casa, trabajo, colegio para sus hijos, asuntos burocráticos; todo ha pasado por sus manos y el refugiado sirio se muestra más que agradecido: “Miguel Ángel es mucho más que un amigo y solo espero poder juntar a mi familia antes de Navidad” asegura a Osamah.

 

Finalmente, los trabajos del Ministerio de Asuntos Exteriores han resultado infructuosos. La embajada de Turquía reclamaba varios documentos a Osamah que éste no ha podido presentar. Allí, en Turquía se encuentra su mujer y dos de sus hijos. “Necesito tener a mi familia conmigo porque es muy importante para mí. Sé que hay mucha gente trabajando para que ellos lleguen a España” confiesa Osamah. Esto supondría “una liberación” en palabras de Galán, quien sigue muy pendiente de la integración de Osamah y sus hijos, desde las clases de español que recibe hasta las posibles ofertas para volver a entrenar.

 

La solución se retrasa ahora hasta el próximo mes de enero, fecha en la que está previsto que Osamah obtenga oficialmente el asilo en nuestro país. Así podrá conseguir el visado para su mujer y sus hijos, un documento que resulta imprescindible para entrar en España. Aunque desilusionado y decepcionado tras haber escrito una carta al mismísimo Mariano Rajoy pidiendo su intermediación en plena campaña electoral, no descarta incluso marcharse de España para reunirse con el resto de su familia.

 

Ni rastro de islamofobia

La acogida que ha dado la ciudad de Getafe a Osamah y los suyos ha sido inmejorable. “Es una ciudad tranquila y agradable, los compañeros me ayudan en el trabajo y los vecinos y la gente que me conoce se preocupa por mi”, cuenta con una sonrisa en la boca. Una sonrisa que se borra al hablar de los atentados de París y sus consecuencias: “Me puse muy furioso y sé que había gente de mi país igual de enfadado que yo. Porque igual que se mató gente en París, se mata gente en Siria, niños, mujeres, personas mayores, todos los días”.

 

Aunque tiene claro que sospechar de los refugiados como posibles cómplices de ISIS es no conocer la situación: “La gente en Siria no quiere la guerra, no quiere matar a nadie”, afirma, e incluso explica cómo intentan mediar ante los terroristas: “los sirios han intentado hablar y razonar con ellos, incluso plantarles cara, pero cuando utilizan la fuerza y las armas los sirios preferimos marcharnos de allí”. Osamah que no ha sentido discriminación alguna desde su llegada a España sabe que su futuro inmediato está aquí. Pero no se resiste a pensar que cuando todo esto acabe, cuando la guerra finalice, él quiere regresar con los suyos a Siria.

 

Mientras tanto su día a día arranca muy temprano: “Me levanto a las 7 de la mañana y desayuno con mis hijos. Luego acompaño al pequeño, Zaid, al colegio”. Su otro hijo, Mohamed de 18 años, se marcha solo al instituto mientras su padre regresa a casa a por sus libros. También él estudia. “Voy a clases de español dos veces por semana y por las tardes acudo a mi trabajo en Cenafe”, cuenta Osamah que tiene en el idioma la piedra angular sobre la que gira su futuro. Para poder entrenar, para poder comunicarse con los jugadores y el cuerpo técnico hablar español fluido resulta básico.

 

“Voy poquito a poquito”, nos dice en un intento de mostrar sus progresos. Aunque las trabas van más allá del idioma. La Federación Española de Fútbol presidida por Ángel María Villar todavía no le ha homologado su título de entrenador. El tiempo apremia y la alternativa sería sacarse de nuevo ese título aquí, aunque todo eso retrasaría aún más el proceso.

 

La nueva vía que se abre es Qatar. Allí tendrá en breve una nueva oficina Cenafe y el candidato ideal para el puesto sería Osamah, según nos confirman en la Escuela de Entrenadores. Nuestro protagonista no tiene dudas: “Puede ser que me vaya a entrenar a Qatar, Dubai o Líbano en el futuro. Sería un trabajo importante y Cenafe puede contar conmigo si lo necesita”. Aunque puntualiza que una vez puesta en marcha la oficina su deseo sería volver a España.

 

Osamah y sus hijos en Getafe

Ossamah con sus hijos, Zaid (7 años) y Mohamed (18 años). Foto: Twitter CENAFE

 

Conocer a Cristiano Ronaldo

Hasta que una cosa o la otra suceda Osamah sigue perfeccionando su español a base de juegos con su hijo Zaid. El pequeño, de apenas 7 años, es el que peor lo ha pasado en estos primeros meses. “Al principio fue complicado por el idioma y porque echaba de menos a su madre pero ahora ya ha hecho amigos en el colegio y tanto él como Mohamed están muy contentos” responde Osamah. A esa felicidad también contribuyó el Real Madrid. Florentino Pérez y Emilio Butragueño invitaron personalmente a toda la familia a un entrenamiento en Valdebebas y al partido Real Madrid – Granada disputado en el Santiago Bernabéu.

 

Así Zaid pudo conocer a su ídolo, Cristiano Ronaldo. Su padre, al igual que su hermano mayor, Mohamed, son declarados aficionados del conjunto blanco y nunca olvidarán un día tan especial: “Todo entrenador sueña con entrenar al Real Madrid y yo he podido estar ahí con ellos. Era la primera vez para nosotros en el Bernabéu y fue uno de los días más importantes de nuestra vida”. A buen seguro que en las próximas fechas llegan más momentos inolvidables para Osamah y los suyos. Nunca una zancadilla ofreció tanta felicidad.

 

Publicado en ELPLURAL.COM el 24 de diciembre de 2015

 

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“Quien compite con España y no se siente español es un cobarde”

Habla tanto como corre o como pedalea en bicicleta o como nada en alguno de los ironmans en los que compite. Algo atípico en un trader, en un broker de bolsa cuyo perfil se esboza más con números que con palabras. Pero es que Josef Ajram es un tipo peculiar capaz de alternar la bolsa de Barcelona, su lugar de trabajo, con las pruebas de deporte más extremo del planeta, su otra gran pasión. Y todo ello dejando sobre su cuerpo ‘cicatrices’, en forma de tatuajes, que marcan su trayectoria vital. Todo en el mundo de Josef parece estar guiado por la adrenalina, el riesgo y los límites, aunque este catalán de origen sirio se empeña en repetir que le gusta la tranquilidad. No lo parece si añadimos que en poco más de cinco años ha escrito seis libros (con temáticas que giran desde lo biográfico a lo económico pasando por la autoayuda) o se ha convertido en uno de los grandes influencers de las redes sociales. Sin tapujos y tan descarado como se muestra en el mundo virtual comienza respondiendo a este test.

Portada Ajram

Test Anti-estrés

Pregunta: ¿Qué le pide a su madre que le cocine cuando vuelves de un gran reto deportivo?

Respuesta: Me gustan mucho las patatas fritas que hace. El acompañamiento me da igual. Lo principal son las patatas.

P: ¿Quién le metió el veneno de la bicicleta en el cuerpo?

R: Mi abuelo paterno. Cuando iba a Siria de pequeño utilizaba mucho la bici allí.

P: ¿Va a votar el próximo 20 de diciembre?

R: Sí. Votaré al Partido Popular.

P: Se liga más como trader, como deportista de pruebas extremas o como escritor

R: Ligo muy mal y muy poco. No sé ligar. A mi me ligan.

P: Ha terminado ya la crisis económica que ha asolado a España?

R: Sí, ha terminado ya. Lo tengo publicado en el último libro que se publicó a finales de 2014.

P: ¿El lugar más inhóspito donde has realizado una prueba. Un sitio donde digas aquí no vuelvo?

R: Isla de Tantauco en Chile. Llueve 364 días al año. Un territorio muy hostil para hacer deporte.

P: Cómo catalogarías con una palabra la actitud de Europa con los refugiados.

R: Por una parte interesada debido al elevado coeficiente intelectual del pueblo sirio. Habría que haber dado otro ejemplo. Interesada e Injusta.

P: ¿Un sueño o reto por realizar?

R: La Haute Route de tres semanas que haré el año que viene. Es una prueba ciclista por los Pirineos, Alpes y Dolomitas.

P: ¿Todos los tatuajes que lleva en el cuerpo tienen un significado para usted o hay algunos puramente estéticos?

R: Hay algunos que son pura estética

P: ¿Le hubiera gustado ser estrella del rock?

R: Me hubiera encantado. Eso ha de ser la hostia.

 

La Entrevista

Mientras la Unión Europea tiene que hacer encaje de bolillos para arrancar un acuerdo que contente a todos los miembros a Josef se le retuerce el estómago ante la situación que están viviendo muchos compatriotas. Él aporta su granito de arena y espera que la ayuda internacional no sea un mero espejismo interesado con la única excusa de exprimir el talento sirio. El asunto le toca muy de cerca. Los sentimientos y los recuerdos se disparan.

Pregunta: Estos días enciendes la televisión y ves la multitud de refugiados que buscan un nuevo futuro en Europa. ¿Te vienen recuerdos e historias familiares a la cabeza?

Respuesta: Sí, claro. Nosotros somos una familia cristiana. Mi padre llegó a España a finales de los 60. Hemos ido a Siria como el que va al pueblo. Para mi ir al pueblo era ir a Damasco. En Siria tenemos familia, tenemos primos, tíos, etc. Y yo vivo esa situación con pena, porque he estado tanto tiempo allí que nunca he percibido este ambiente tan hostil, he jugado con tranquilidad, he convivido con culturas musulmanas y cristianas, nunca he visto un conflicto religioso… Por eso cuando veo esto me apena mucho, me apena el hecho de que mis padres no puedan pasar su jubilación allí que era una de sus ilusiones. Me apena ver zonas que yo he disfrutado turísticamente que están arrasadas y me apena que los occidentales no hayan actuado antes.

P: ¿Reconocerías ahora el país?

R: Posiblemente no. Tienes unos recuerdos tan potentes de Palmira, de Alepo, de Homs, de Damasco, del Crac de los Caballeros… que imagino que ir ahora allí tiene que ser desolador.

P: Cómo fue el viaje de tu padre hasta Barcelona? Entonces no huía de una guerra

R: Yo siempre digo que a mi padre lo admiro por ese ejemplo emprendedor que aquí en España no es tan habitual. La diferencia con lo que ocurre ahora es que mi padre salió en un tiempo de paz, voluntariamente, en un momento en que mi familia se lo pudo pagar. Vino voluntariamente a estudiar medicina porque hubo una concesión de permisos universitarios. Pero de todos modos es un ejemplo, porque irte a un país donde no hablas el idioma para intentar ser médico y acabar consiguiendo tu objetivo, conseguir ser médico, doctor en medicina, jefe de servicios… (resopla) ¿es o no es para estar orgulloso?

P: ¿Europa ha estado a la altura de los acontecimientos con la respuesta que ha dado a los refugiados?

R: No, no ha estado. Parece que solo nos acordamos cuando nos interesa. Debía haber parado este problema de raíz, yo creo que la actitud actual de fronteras como la húngara o la polaca es lamentable.

P: Parece que se hubieran olvidado de su propia historia

R: Constata lo que es una realidad de nuestra época. La memoria del ser humano es muy débil. Al final nos olvidamos de nuestro propio sufrimiento, de lo que ha ocurrido en nuestra historia reciente con extremada facilidad.

P: España pasará de acoger a apenas 355 sirios en 2012 a 35.000 refugiados en los próximos dos años y se ha establecido un crédito de 200 millones de euros en los Presupuestos Generales del Estado. Parece que en esta ocasión las autoridades españolas han reaccionado bien.

R: Todo lo que sea ayudar ahora mismo está muy bien. Políticamente queda muy bien, si no hubiera unas elecciones tan cerca posiblemente no se hubiera actuado igual. Hay que tener en cuenta que el pueblo sirio es un pueblo culto, muy formado con un altísimo porcentaje de licenciados universitarios, el acceso a la universidad es muy elevado. Creo que se integrarán muy bien en España o en el país al que vayan.

P: ¿Cómo ayuda Josef Ajram a sus compatriotas?

R: Para lo que se necesita, lo que podemos aportar nosotros es poco. Pero la suma de pocos hacen un mucho. Tenemos dos vías de ayuda. Mi hermano, por un lado, inició una campaña a través de Unicef para recaudar fondos con la

excusa de que va a la Maratón de Nueva York y yo, personalmente, a través de Whereisthelimit? Hemos iniciado un proceso de recaudación para destinar a médicos sin fronteras. Todo suma.

P: El deporte siempre está presente en estas situaciones.

R: Sin duda. Los valores y la nobleza del deporte quedan reflejadas. Solo hay que ver la respuesta que se ha tenido con Osama, el hombre que recibió la zancadilla de la reportera cuando intentaba cruzar la frontera húngara. Tenía una gran historia detrás, era entrenador y ahora está aquí en España ante un nuevo mundo de oportunidades.

Ajram Eslogan OK

 

De repente el deporte aparece como salvoconducto, como el espacio donde seguir buscando nuevos retos para superarse, aunque Josef sabe que hay desafíos inhumanos, como los siete ironmans en las siete Islas Canarias en siete días consecutivos. Ese límite no pudo rebasarlo y hoy reconoce que se quitó un peso de encima. Aquello, en cualquier caso, no le detuvo. Se levantó con la lección aprendida y con aires renovados demuestra seguir teniendo gasolina para alimentar su espíritu competitivo.

P: Hablando de deporte, le he escuchado alguna vez decir que no se considera deportista de élite.

R: No, no lo soy. Un deportista de élite entrena y descansa, pero yo trabajo, entreno cuando puedo y descanso, eso sí, descanso muy bien. Hoy por ejemplo no entreno y duermo igual por la noche. Pero un deportista de élite no se puede permitir no entrenar porque es su trabajo y es su fuente principal de ingresos. Yo lucho para que el deporte no me cueste dinero, para mí es una pasión. Soy profesional del mundo de las finanzas desde hace 16 años, el resto es un complemento.

P: La preparación física supongo que será muy exigente (alimentación, entrenamientos, competiciones). ¿Está muy alejada de la de un deportista de élite?

R: A la hora de la preparación física, de la motivación, del espíritu competitivo sí que puede ser muy similar. Dentro de lo amateur que soy me lo tomo muy en serio, me gusta prepararme lo mejor posible, quiero acabar lo mejor posible y voy todo lo rápido que puede en cada una de mis pruebas. Me gustaría ir más rápido pero doy de sí lo que doy.

P: Ser el primer español que acaba el Ultraman de Canadá y Hawai, quedar segundo en la Titan Desert o terminar con el mejor tiempo en la Epic 5 de Hawai no está al alcance de cualquiera.

R: Estoy muy orgulloso de lo que he hecho. Son recuerdos importantes. Hay gente que las valora y otras no tanto, pero lo importante es que me las valoro yo y las valora mi familia. Sobre todo esas experiencias lo que más me han ayudado mucho a mi ámbito personal y profesional. Eso es lo que más le debo al deporte, esos valores y enseñanzas que he podido aplicar a mi día a día.

P: ¿Qué fue lo que ocurrió en La Gomera? ¿Qué aprendió después de no poder completar los siete ironmans en las siete islas canarias?

R: En La Gomera lo que alcancé fue entender que no siempre hay que marcarse más. También hay que tener la madurez de saborear lo conseguido. Yo hice cinco ironmans en las cinco islas de Hawai, en cinco días. Comprendí que no hacía falta hacer siete. Estaba en una vorágine de siempre querer más. Allí maduré y aprendí a disfrutar de otras cosas.

P: ¿Fue ese su peor momento deportivo?

R: Sí, fue el peor momento deportivo de mi vida. Me lo preparé mucho, invertí mucho tiempo de mi vida en ese reto, mi familia también me apoyó mucho, además tenía una gran marca de bebidas detrás (RedBull) apoyando ese desafío. Todo eso fue una decepción añadida al no haber estado a la altura de las expectativas. Soy muy perfeccionista y cuando algo no lo hago bien a mi me fastidia. Fue muy duro, la crítica fue muy dura también. Fue una época complicada pero aprendí muchas cosas. Aunque es cierto que a los pocos meses ya estaba disfrutando del deporte y de la bicicleta como siempre.

P: ¿Cuál es tu refugio para esos momentos?

R: Intento centrarme en otras cosas, en el trabajo, en la familia e incluso pensar en uno mismo. Soy una persona muy reflexiva conmigo mismo, pienso mucho, medito… pero bueno ahora que lo pienso tampoco me duró mucho. ¿Sabes qué? Te diría que me quité un peso de encima cuando abandoné por segunda vez. Dije se acabó , el Siete islas se acabó.

P: ¿Le obsesiona mucho el límite? ¿Es algo muy presente en su vida?

R: El límite es el objetivo. Siempre que tenga un objetivo voy a decir que no he encontrado el límite, porque tendré un nuevo límite que superar. ¿Donde está el límite? ¿Cuál es tu siguiente objetivo? ¿Para qué trabajas? ¿Para que entrenas? ¿Para qué vives? Tenemos objetivos o no. El problema es que si no tenemos objetivos en la vida no vas a ser eficiente. El tiempo te va a pasar más rápido, a la deriva, eso es muy duro. La clave es pensar el fin que tienes con todo lo que haces.

P: Viene usted de su último reto la Haute Route 2015, un ‘paseíto’ de Ginebra a Venecia durante siete días cruzando los Dolomitas en bicicleta ¿Qué siente uno cuando desafía a esos monstruos de la naturaleza como el Gavia o el Stelvio?

R: Para mi fue algo muy emocionante como gran amante al ciclismo que soy. Poder hacer siete etapas de alta montaña en siete días consecutivos fue un sueño. Poder subir esos puertos que veías en la televisión, en los que se han hecho grandes hazañas, poderlos subir y hacerlo además con ese punto de competitividad es muy emocionante. Los Dolomitas intimidan mucho porque llegas a mucha altitud (2600m.), hace mucho frío, el tiempo no acompaña y te das cuenta del poder que puede tener la naturaleza.

P: ¿En qué momento uno se olvida de pelear por el puesto de la clasificación y el único deseo es llegar a meta?

R: Yo siempre quiero hacerlo bien, quiero quedar lo mejor posible en la clasificación pero ese umbral al que haces referencia siempre llega. En ese momento te preguntas qué haces aquí, por que estás haciendo esto y recuerdas todo el tiempo que has invertido para llegar hasta ahí. Quizá ahí se activa en la mente otro chip que te hace descontar kilómetros, no piensas en los que te queda, piensas en lo que has hecho hasta entonces. Y piensas en llegar, llegar es siempre lo más importante, al ritmo que sea pero llegar. Ya sabes, hay que llegar al objetivo.

P: En un ultramaraton, en pleno desierto o encaramándose a lo alto de una montaña descubre uno que el músculo más potente que tenemos es el cerebro?

R: Sin duda. La cabeza es el arma más potente que tenemos para todo. Para el deporte y para la vida. En esos malos momentos, en esos momentos de sufrimiento te curtes, vas añadiendo experiencia, te vas conociendo a ti mismo. Al fin y al cabo esa es la manera de superarse, de intentar siempre dar lo mejor de sí.

P: Dónde se disfruta más en este tipo de retos o en los Imparables que hace con su buen amigo Santi Millán. ¿Cómo surge esa idea?

R: Eso es algo muy divertido. Hay mucha complicidad entre nosotros y eso nos ayuda a explicar estas carreras desde un punto más relajado. Es una bonita experiencia que nos permite llegar a la gente de otra manera. Es un punto más cómico y Millán lo hace más accesible. Mucha gente se piensa que como lo hace Millán lo puede hacer cualquiera y luego te das cuenta que no. Te das cuenta que este tipo entrena mucho para poder hacer todo esto, que está en forma.

P: Uno puede llegar a ser feliz en pleno sufrimiento deportivo?

R: ¡Buff! (Resopla). No. Cuando sufres no hay tiempo de ver otra cosa. Aunque es cierto que cuando estás sufriendo y aguantas con el grupo, llegas a coronar el puerto con ellos y empieza el descenso pegas un respiro de alegría. Te das cuenta de que has aguantado lo más difícil y a partir de ese momento empiezas a disfrutar, te dejas llevar por el grupo puerto abajo e intentas coger fuerzas para lo que quede.

P: ¿Y es cierto que antes de comenzar una prueba de ultramaratón se te puede ver cerrando operaciones bursátiles?

R: Sí, sí. Lo sigo haciendo, es lo que me apasiona. De hecho, durante la Haute Route hubo bastante movimiento en la bolsa y tuve que estar pendiente. Me bajaba de la bici y veía las acciones, cómo había evolucionado el mercado y antes de iniciar la etapa igual. Es muy difícil desconectar de este mundo.

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Y es que resulta muy difícil separar en su vida el trabajo de la actividad física como dos mundos que se retroalimentan. Todo, no obstante, pudo cambiar una mañana de 2007, cuando la Comisión Nacional del Mercado de Valores paró la cotización de las acciones que Josef acababa de comprar. En un parpadeo perdió 100.000 euros. Con fortuna, o quizás no, se recuperó pronto, tanto anímica como económicamente. Quizá no estaría aquí hoy si todo eso no hubiera pasado, reconoce.

P: A usted le catalogaron como un yonqui de la bolsa. Pero en realidad parece más un yonqui de la adrenalina, del riesgo, de todo lo que sea ponerse a prueba

R: (Risas) Pues en el fondo yo soy muy tranquilo. Es cierto que la bolsa es pura adrenalina, el deporte también, pero fuera de eso no busco muchas emociones.

P: ¿Es otro Josef cuando sale del parqué o se baja de la bicicleta?

R: Es totalmente distinto. Separo mucho ambos mundos. A mi en realidad me gusta controlar las cosas y no estar rodeado de inestabilidades.

P: Usted proyecta una imagen de tipo muy seguro que parece tenerlo todo bajo control pero, ¿hay algo que le aterre, que no sea capaz de dominar?

R: Te podría decir que muchas cosas, pero en general… (se para unos segundos) la incertidumbre es mi mayor enemigo. Es el mayor enemigo de cualquiera que se dedica a la bolsa. Es no saber qué va a pasar, como ocurre en las elecciones catalanas. ¿Qué pasará este domingo? No se sabe; incertidumbre. Este tipo de cosas generan siempre intranquilidad y eso termina siendo difícil de llevar.

P: Y el 23 de abril de 2007 la Comisión Nacional del Mercado de Valores frena en seco una gran operación bursátil. ¿A veces, ir de sobrado pasa factura?

R: Sí totalmente. Fue un exceso de confianza, un pecado de juventud. Era un chaval joven (tenía 29 años entonces), pensaba que era el Rey del Mambo y de repente la vida te recuerda que no te puedes relajar, que en la bolsa hay que mantener la tensión. Fue una auténtica lección de vida

Ajram Blanco y Negro

 

P: ¿Cuánto le costó salir de aquello?

R: Un día (risas). Fue un día muy duro, en realidad. Fue algo increíble, al día siguiente recuperé el 90% de las pérdidas del día anterior. Siempre digo que no sé que hubiera pasado si no hubiera recuperado el dinero tan rápido. Quizá no estaría hoy aquí.

P: Y a pesar de considerarse un tipo afortunado, no le da ni una mísera cuota de protagonismo a la suerte en su vida.

R: No creo en la suerte. No se puede pensar en que se tiene buena o mala suerte. Hay que pensar en trabajar y que trabajando se consiguen las cosas. Todo se termina consiguiendo si se busca. Estando sentado aquí es difícil que tenga la suerte de que alguien me venga a buscar.

P: ¿Qué enseña la bolsa que se pueda aplicar al día a día?

R: Te enseña a saber perder. A estar preparado por si cualquier decisión que tomes no sale bien. También a ser eficiente. Esto es muy importante porque en realidad lo fundamental es la calidad y la intensidad de las horas que trabajes. No siempre se trata de trabajar más horas que el resto.

P: Ha asegurado usted que la crisis ya ha terminado, que lo números lo dejan claro y que el crédito ya fluye. Pero eso, ¿cómo se lo explicamos al ciudadano de a pie?

R: Una recuperación financiera viene marcada por tres escenarios. El primero es el financiero en el que ya venimos notando esa mejora desde finales del 2012, inicios del 2013. El segundo es el macro económico que viene marcado por la fluidez del crédito, el producto interior bruto o la disminución del desempleo. El producto interior bruto lleva creciendo en los últimos 7 trimestres. La última es la recuperación micro-económica. Es la que más repercute en el señor de a pie al que hay que intentar explicar que esta mejora se está produciendo. Esta es la fase más lenta, pero el sentimiento general es que el consumo esta yendo a mejor, que los bancos empiezan a dejar capital y las hipotecas son más accesibles. Hay que tener en cuenta que venimos de la crisis más dura de la historia moderna, por lo menos desde el crack del 29, con lo cual hay que tener hay que tener un punto de paciencia.

P: Y ante la precariedad laboral que sufren, principalmente los jóvenes, existe alguna receta, ¿cómo pueden los jóvenes prepararse para triunfar laboralmente en un contexto tan adverso?

R: Hay que ser valiente. No hay que tener miedo a luchar por sus sueños y que esos sueños sean realistas. Unos sueños que podamos controlar, que podamos realizar una inversión a nuestro alcance, que tengamos unos costes fijos controlados y que se tenga capacidad de movilidad. Esto quiere decir que si me sale un trabajo en Londres me voy a Londres, si es en Cádiz en Cádiz. Deben buscar y aprovechar las oportunidades. Y para eso hay que especializarse en algo muy concreto, que desarrollen esa especialización, deben ser ser muy bueno en algo. Así hay puertas que terminan abriéndose.

P: Hablemos ahora de política, antes de las últimas elecciones en Cataluña usted declaró sentirse español y catalán y ha recibido bastantes críticas por ellos. ¿Siente que la gente le trata diferente ahora en Barcelona o en el resto de Cataluña?

R: Me resigno a creer que decir en España que eres español es un acto de valentía. No lo quiero creer. Para mí es lo normal. Lo que no sería normal es que yo fuera de Barcelona y dijera ¡Viva Australia! No sería normal. Yo soy español, así lo siento y así lo expreso. Esas dudas no sé de qué son las que convierten algo que sería normal en excepcional.

P: Sin embargo, la mayoría de deportistas de élite prefieren no posicionarse ante una hipotética independencia de Cataluña.

R: Para mi es un acto de cobardía. Al final nadie puede esconder lo que piensa por miedo a las represalias. Si te sientes catalán independentista pues tendrás el apoyo de unas personas, de unas marcas y otras no. Si te sientes español, pues igual. Pero lo que no entiendo es que te sientas independentista y vayas a defender la camiseta de España, que juegues con la Selección Española. Eso no es coherente. Es como si a mi me llama la Selección de Corea, pues no iría porque yo no siento la camiseta de Corea. Alguien que detesta a España, que se quiere separar de España, no entiendo que acepte vestir la camiseta, que acepte escuchar un himno y que celebre unos títulos que no gana con su bandera.

P: Nos ha reconocido anteriormente que votará al PP el próximo domingo. ¿Le perjudica esa exposición pública?

R: No, me ha beneficiado. Al final la gente ve que es sentido común, porque no se puede insultar a una persona que habiendo nacido en España se declara español. Eso no creo que pase en ningún otro país del mundo. En estos momentos es cuando más seguidores tengo y siento que la percepción que se tiene de mí es mejor que nunca. Incluso gente que puede pensar completamente diferente a mi lo valora.

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