Neymar, estrella del PSG

Copazos

 

Neymar es Jack Nicholson, Warren Beaty y Michael Douglas en una misma persona. Y no lo decimos por sus dotes artísticas, sino por sus fiestas. Míticas fueron las que estos tres montaban en Hollywood allá por los setenta. Sin redes sociales ni móviles, piénsenlo. Quizá por ello, lo que ha llegado hasta nuestros días son apenas mitos y leyendas. Como aquella que contaban en la que el sushi se esparcía encima de cuerpos desnudos para deleite de los asistentes. Las de Neymar, no pasan de la tradicional tarta y el reggaetón de Maluma. Pero duran también hasta el amanecer. Y varios días. El cumple empezó el sábado pasado, se extendió hasta el domingo y el lunes, día de la efeméride, se sumó la Ciudad de la Luz a la celebración, para dar más brillo al aniversario de su vecino más ilustre. En apenas dos días llega el partido del año para el PSG y uno no quiere ni pensar en la resaca de una victoria parisina. Waterloo sería una anécdota

 

Más modesta fue la resaca copera del Leganés. Equipo del pueblo en esta edición del torneo del KO que arribó hasta semifinales. Orgullo pepinero para una ciudad donde el sacrificio y el trabajo duro son los apellidos más comunes. Esa heráldica es la que defiende el Lega en cada partido para satisfacción de una grada que no deja de frotarse los ojos. Soñaron con imposibles y así han dejado atrás el cuento de David, para llegar a la altura de Goliath. Amenazan con no pararse aquí y pelearán con ahínco por ser (aún más) el equipo revelación de la temporada. Quizá entonces organicen una fiesta, con menos boato que las parisinas, pero con más verdad en el ambiente. Su temporada, con Garitano al frente, da ya para un buen brindis.

 

Unos cuantos llevan ya en Sevilla. Allí han adelantado la Feria, de manera literal. Oficialmente empezaba el próximo 15 de abril pero Montella, italiano ilustre que desembarcó en Nervión como regalo de Reyes, ha obrado el milagro: resucitar a un muerto. Y de paso saltarse el carnaval, la cuaresma  y la semana santa. Palabras mayúsculas en Sevilla. Si es capaz de arreglar lo de Rico y la afición le ponen su nombre a la Torre del Oro. Por lo pronto el equipo ha dejado de ser los Cleveland Cavaliers de la Liga, más noticia por lo mucho que compraban y lo mucho que vendían. Ya saben a lo que juegan, han recuperado el alma y vuelven a otra final. El sábado de feria es la cita y los sevillistas ahí se sentirán como en el Real, no obstante, son 17 finales en los últimos 12 años. Montella brinda con rebujito.

 

Aunque para copas las de El Gran Gatsby. Andrés Iniesta es Jay Gatsby. El personaje creado por Scott Fitzgerald viste la casaca azulgrana y mece el juego culé a su gusto y gana. Como en aquellas fastuosas fiestas del Nueva York de los años 20, donde la alta sociedad neoyorquina aspiraba a tomarse una copa con el misterioso anfitrión, Andrés sigue regalando tragos a propios y extraños. Eran muchos los que anunciaban que la fiesta se agotaba, que el cuerpo ya no estaba para más excesos, que más pronto que tarde serían otros los que invitaran a la siguiente ronda. Mientras tanto Andrés acariciaba el balón como Gatsby, la copa. Uno desde el centro del campo, otro desde el balcón de su mansión, y ambos han decidido redoblar la apuesta. Más fútbol, más farra. Ahora que ha llegado Phillipe, el último invitado a la juerga, Andrés se ha vuelto omnipresente. Lo juega todo. Lo organiza todo.  Y así,  mientras se toma la penúltima, el anfitrión susurra al nuevo: “Mira, así se sirven las copas”. El 21 de abril hay otra fiesta en casa de Gatsby.

 

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