Pep Guardiola, entrenador Manchester City

Guardiola, el último pase

Como lo fue antes en Alemania. Como lo es ahora en Manchester. Último eslabón de una cadena perfectamente engrasada.


 

Entre las leyendas más destacadas de la prestigiosa Universidad de UCLA sobresale, por encima de todos, un entrenador de baloncesto. Se trata de un genio longevo que responde al nombre de John Robert Wooden. El mayor hito de su carrera fue ganar el campeonato nacional universitario de EE.UU. (NCAA) durante una década consecutiva con los Bruins. Pero no fue el éxito quien me descubrió su figura, sino una anécdota. Wooden aleccionaba a sus chicos hasta el momento de ponerse los calcetines: “Comprobad la zona del talón. No quiero ni la más mínima arruga… Una arruga os formará una ampolla, y esa ampolla os hará perder tiempo de juego. Y, si sois suficientemente buenos, vuestra pérdida de tiempo hará que despidan al entrenador”. La anécdota transpira mucho más allá de evitar lesiones. Es un tratado en sí mismo sobre el cuidado de los detalles, sobre cómo cuidar de uno mismo y por extensión del equipo. Apuesto que Pep Guardiola ha leído a Wooden. Al fin y al cabo, los dos saben que hasta los calcetines pueden resultar determinantes en la élite.

 

Pep Guardiola ha firmado el mejor arranque de la historia de la Premier

Pep Guardiola cumple su segunda temporada al frente del City.

 

Recordé la anécdota mientras el Manchester City acumulaba elogios de medio Europa y desataba el temor de la otra mitad. Pensé, ya se ponen bien los calcetines. Porque con más tiempo de cocción, Pep, ese obseso de los detalles, está repitiendo en Inglaterra lo que ya hizo en sus años en la Bundesliga, al frente del Bayern. Allí cambió hábitos alimenticios, solicitó un médico con dedicación exclusiva para el club o alteró las rituales sesiones preparatorias de Säbener Strasse hasta que la pelota lo inundó todo. Ahora en su paseo militar en la Premier League, un hito sin igual en 129 años de fútbol británico, cuesta no vislumbrar ese rosario de detalles que pase a pase, triángulo a triángulo y victoria a victoria han llevado al City hasta el mejor arranque de un equipo de fútbol en la tierra que lo engendró.

 

 

Viéndoles jugar todo resulta más sencillo. Quizá por ello los números sean más rotundos. Pep ha conseguido ya un tres en raya histórico. En el City ha igualado las 16 victorias consecutivas cosechadas con el Barça en una sola temporada. Un récord en ambas ligas. El listón todavía está más alto en Alemania. El Bayern lo tiene en 19 triunfos. Esa obra también lleva la firma de Guardiola, que lejos de vanagloriarse sabe lo que hay en juego: “Si no ganamos la Premier, el récord no tendrá sentido”. No obstante, algo está cambiando en Inglaterra, concretamente en el norte del país, epicentro esta temporada de la batalla por la Premier, y eso tampoco se le escapa a Guardiola: “Demostramos que se puede jugar este tipo de fútbol en Inglaterra, que se puede tener la valentía de jugarlo”.

 

 

Pep, vuelve a ser el último pase. Como lo fue antes en Alemania. Como lo es ahora en Manchester. Último eslabón de una cadena perfectamente engrasada. Vértice más adelantado de ese triángulo mágico que forma junto a Ferrán Soriano y Txiki Beguiristain. El toque diferencial de un proyecto que arrancó en 2008 y cogió vuelo en 2012, cuando dos de los arquitectos del gran Barça de Guardiola desembarcaron en la ribera azul de Manchester. Los éxitos deportivos (cuatro títulos en 5 años) y económicos (ingresos de 473 millones de libras y beneficios por tercer año consecutivo) conocen ahora un nuevo estadio: un estilo reconocible. Un relato con el que enganchar definitivamente a los seguidores de un club históricamente segundón. Así lo resume Mikel Arteta, aprendiz de Guardiola en Manchester: “El Barça es algo distinto. La identidad del club, la forma de jugar que tienen y su filosofía desde la base es algo que tarda muchísimo en conseguirse. Pero la idea, con alguien que tiene esa capacidad de arrastrar y convencer, te acerca mucho más a todo eso”.

 

Un equipo feliz

Máximo rendimiento y efectividad. Los delanteros Citizen han marcado diez o más goles en lo que va de temporada.

 

Ahora que la victoria se acerca otros retroceden. No es el caso de alguien que siempre lo vio como el rival a batir: “El problema que tienen los que están esperando a Pep Guardiola es que nunca saben cuándo dar un paso al frente”. El autor de la frase es Manuel Jabois, madridista confeso, que el día que Pep abandonó el Barça le ‘regaló’ un obituario bajo el título Siempre vuelve. Ahora sus detractores podrán argumentar que esta vez le costó más tiempo y más dinero gobernar la Premier. 16 meses y 400 millones después los citizens pueden dejar sentenciado el campeonato doméstico en Navidad. Será una quimera salir vivo –es decir, sin derrotas- del asfixiante calendario que rodea al Boxing Day. De conseguirlo tendrá Guardiola nuevo leitmotiv para sus chicos: el Arsenal invencible de 2004. Para ello serán vitales que los detalles se tiñan de azul y el carácter de los sky blues se mantenga en guardia. Será momento también entonces de que Guardiola relea a Wooden, mientras se ajusta los calcetines: “Ganar requiere talento. Repetirlo requiere carácter”.

 

Bonus track:

El ‘recorte’ de Jabois que inspiró el último párrafo:

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