Luce tu pueblo. Guadalupe.

Luceros

La mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver. Octavio Paz

 

Hubo gentes que descubrieron la luz que desprenden estos valles y sierras hace siglos. Privilegiados que alumbraron desde este río escondido la historia de España, para que el paso del tiempo cincelara un patrimonio que es hoy propiedad de la Humanidad. Los dichosos que ahora paseamos sus calles no reparamos nunca en que necesitáramos título alguno para lucir nuestras raíces, con orgullo y pasión, allá donde fuéramos. Pero como quiera que sea a nadie le amarga un dulce y menos un bombón.

 

Más aún si este sabe a victoria y deja el regusto del esfuerzo colectivo, de la ilusión compartida, de los nervios en la garganta. Acumulados todos en esa noche mágica de diciembre donde el corazón de Las Villuercas se iluminó para siempre. Una imagen nunca vista que encendió sonrisas y humedeció pupilas en las horas previas a la Navidad. Un regalo que llegó envuelto en caja de bombones para recordarnos de lo que somos capaces cuando aunamos esfuerzos y estrechamos codos. Un premio que a la postre no solo es bonito, también es bueno.

 

Y es que el alumbrado navideño, por más que haya llenado nuestro pueblo de turistas y curiosos no es el galardón principal. Guadalupe ya había ganado antes, con la respuesta de su gente, con la colaboración dispuesta de todas y cada una de sus instituciones, con las muestras de aliento de guadalupenses repartidos por medio mundo, pero también por otros que no lo son y que con la ilusión de quien una vez estuvo allí y quedó maravillado ante sus prodigios, sumaba fotos y me gusta para llevar el nombre de Guadalupe más lejos. Algo así como una conquista del Nuevo Mundo 2.0

 

El legado de esa conquista es lo que tenemos ahora entre las manos. Porque las bombillas se descolgarán de la fachada del Monasterio, porque el Arco Sevilla volverá a lucir vetusto y sin filtros al igual que los balcones que acordonan la plaza que sentirán una vez más el frío del anonimato, pero Guadalupe debe seguir brillando con fuerza. Hay argumentos y recursos, hay personas e ideas y hay valores que deberían perdurar más allá de la Navidad. Nos lo hemos demostrado a nosotros mismos y eso es la mitad del trayecto. Ahora es cuestión de mantener el paso.

 

Y saber gestionar el éxito. Porque la demanda será cada vez más exigente ahora que lucimos también el apellido de maravilla rural. Porque la oferta debería adaptarse y renovarse ahora que son más los que nos miran con lupa. Porque si la cantidad aumenta la clave es que no se resienta la calidad. Y eso pasa por dar facilidades a los que vienen pero también a los que están, para que la luz cegadora de la fama no termine por molestar exclusivamente a los que pasan aquí su día a día. Al fin y al cabo, ellos son también fundamentales para que Guadalupe luzca.

 

Por eso entiendo que es labor de todos cuidar y alimentar a este lucero milenario. A este rincón escondido que sigue conquistando descubridores. La brújula que guía el rumbo es morenita y el timón debemos cogerlo con fuerza, entre todos, para remar en la misma dirección. Ya lo hemos hecho otras veces y siempre se ha arribado a buen puerto. El siguiente se llama prosperidad. La que todos queremos para un pueblo que fue siempre nuestro lucero: Guadalupe.

 

Guadalupe, pueblo más bonito y bueno de España 2017:

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