Lucille guarda silencio

 

Sin música la vida sería un error. Friedrich Nietzsche

 

BB King

 

Nadie volverá a acariciar su cuerpo con tanta ternura. Ni con la pasión de quien encontraba en ella alivio y placer a partes iguales. Se ha quedado sola, arrinconada en el último recoveco de una casa que ella llenó de música, calor y amor. Esas seis cuerdas que hoy enmudecen de luto alumbraron un día el universo del blues para llevarlo a otras latitudes, para acercarlo a los blancos, para hacerlo popular, para dar la vuelta al mundo, para sentirse el Rey. Todo eso lo consiguió Lucille de la mano de BB King.

 

Lucille es la guitarra más famosa del mundo y su historia se remonta tiempo atrás. Riley Ben King tocaba en uno de esos antros de Arkansas que tanto le gustaban cuando dos hombres comenzaron a discutir por una mujer. Ambos se disputaban sus favores hasta que la trifulca derivó en un incendio. Derribaron un bidón de gasolina y la chispa de un cigarro hizo el resto. Entre llamas, King arriesgó su pellejo para rescatar su guitarra. Pero el nombre de su instrumento cambiaría para siempre después de conocer el nombre de la dama. Lucille sería el recordatorio perpetuo de los peligros que esconden las actuaciones en directo… y ciertas mujeres.

 

Esas actuaciones habían comenzado en los campos sureños de Mississippi de donde era natural King. Aunque su música siempre tuvo vocación urbana, dotada de ese aroma a sueño americano y ascensión social que tanta carrera hizo entre los afroamericanos de la segunda mitad del siglo XX. Ahí arrancó su figura y su mito al mantener vivas las raíces que le conectaban con una comunidad negra que nunca abandonó. Y es que a diferencia de tantos otros artistas negros que se cobijaron en el rock and roll o en el jazz, él se quedó en los guetos reducidos del blues.

 

Su descubrimiento por parte del gran público fue paulatino. A mediados de los sesenta se comenzaron a grabar sus conciertos en directo donde jóvenes admiradores como Eric Clapton quedaron prendados de su figura para siempre. Aquellos conciertos fueron fundamentales en su carrera y le permitieron abrir de par en par su música a la comunidad blanca. Su popularidad ascendió en el pentagrama del éxito hasta que entró en el circuito comercial del rock sin cambiar su estilo. Eran los años en que se podía escuchar a BB King como telonero de los Rolling Stones o su repertorio cautivaba a los hippies en el Auditorio Fillmore.

 

Pero en unos tiempos tan cambiantes, la evolución de la música negra terminó dejando atrás a un purista como King. Él intentó adaptarse virando hacia el soul o tocando puntualmente el funky, aunque cuando agarraba una guitarra Gibson, todo el mundo sabía quien era el que mecía aquellas cuerdas. Así llegó su coronación a nivel internacional con el inolvidable The thrill is gone, una reflexión muy personal sobre el desgaste de la vida en pareja. Para mantenerse en la cima BB (Blues Boy, como era apodado) King no dudó en dar a su heterogéneo público lo que demandaba. Lo mismo triunfaba en los grandes festivales europeos que atendía a sus admiradores de toda la vida tocando en cualquier modesto club de la América profunda.

 

Y es que King solo entendía la vida subido encima de un escenario. En su época de esplendor daba entre doscientos y trescientos conciertos al año. Desde 1949 a 2008 fue un habitual de los estudios de grabación y su longevidad creativa fue siempre admirada por compañeros y fans. Algunos como Eric Clapton, Raimundo Amador, U2 o Zucchero terminaron tocando con él en esa evangelización del blues que llevó hasta los últimos rincones del planeta. Ante una actividad laboral tan frenética King reconocía que nunca fue un padre ejemplar para sus 15 hijos reconocidos o que se dejaba encandilar por unas buenas curvas y en esta ocasión no hablamos de guitarras. Entre sus otros vicios confesables también estaba la atracción por el juego que le provocó problemas con el fisco.

 

Ahora cuando la diabetes y la hipertensión iban poco a poco silenciando su talento, el ruido creció a su alrededor entre sus allegados para intentar controlar una fortuna muy golosa. Su legado, en cualquier caso, lo encontraremos en sus canciones porque BB era la guitarra expresiva por excelencia, los ritmos cargados de swings, los riffs electrizantes y la voz cálida que te guiaba hacia paisajes melódicos que él se encargó de descubrirnos. En su prolífica discografía, en sus películas y en sus varias biografías permanece la esencia de este Bluesman que reinó (y tocó) con guante de seda durante más de cinco décadas a Lucille como nadie. Larga vida al Rey.

No Comments

Post a Comment

A %d blogueros les gusta esto: